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sábado, 7 de diciembre de 2019

Áreas turísticas de España


El documento objeto de comentario se corresponde con un mapa corocromático de las áreas turísticas de España.

Tal y como se puede observar, las áreas turísticas están representadas con diferentes tonalidades según su densidad, siendo las más claras, en el interior, las menos turísticas, y las más intensas, en el litoral y las islas, las que registran la densidad más alta. Andalucía, con letras en mayúscula, vendría a ser una comunidad especialmente turística, mientras que Cataluña, Comunidad Valenciana y Región de Murcia, con letras en minúscula, serían comunidades turísticas de temporada. Cabe destacar las ciudades históricas del interior (León, Burgos, Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Segovia, Ávila, Madrid, Toledo, Cáceres, Córdoba, Sevilla y Granada), así como los centros turísticos costeros (Gijón, Santander, Calella, Lloret del Mar, Salou, Málaga, Torremolinos, Marbella, Puerto de la Cruz y Las Palmas). Así, el mapa es fiel reflejo de una estructura espacial del turismo marcada por los contrastes y las asimetrías debidas a la variada condición geográfica del territorio español y el carácter hegemónico del atractivo sol-playa en el conjunto de las motivaciones del turismo masivo.

El turismo comprende el conjunto de actividades que las personas realizan durante sus viajes y estancias en lugares distintos a su ambiente habitual, por un período consecutivo inferior a un año, con finalidades de placer, negocios u otras. Los orígenes del turismo se remontan al siglo XIX, cuando burgueses y nobles se dedicaban a recorrer los países más importantes de Europa en el Grand Tour y a contar sus experiencias en las guías de viaje. Con el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el aumento de las rentas de las familias de clase media, la libre disponibilidad de tiempo y dinero para actividades de recreo y la mejora de los transportes y las comunicaciones permitirían el despegue del turismo moderno hasta convertirlo en un pilar básico de las economías nacionales. Actualmente, el turismo es sinónimo de la riqueza y el progreso de un país, ya que los beneficios revierten en una mayor cualificación profesional de la mano de obra, la mejora en transportes y comunicaciones, el aumento de la oferta hotelera, la recuperación de espacios rurales en crisis, la conservación del medio natural y el apoyo decidido por parte de organismos específicos como la Organización Mundial del Turismo, dependiente de la ONU, con sede en España. Los principales países emisores de turistas son Estados Unidos, Alemania y China, mientras que los principales destinos oscilan entre los países desarrollados (Estados Unidos, España, Francia, etc.), los países en vías de desarrollo (India, Indonesia, Tailandia, etc.) y los países subdesarrollados (Marruecos, Egipto, Nepal, etc.), que dependen en gran medida de un turismo en constante cambio (turismo de invierno, turismo rural, turismo de naturaleza, turismo cultural, turismo gastronómico, turismo religioso, turismo de balneario o salud, etc.). En cualquier caso, el turismo transforma física, social y culturalmente los espacios donde tiene gran implantación, llegando, en ciertos casos, a alterar el equilibrio ecológico y amenazar las formas de vida tradicionales de una comunidad, como en el caso de Venecia.

El turismo en España supone uno de los pilares básicos de la economía, siendo el segundo país más visitado del mundo después de Estados Unidos. Los orígenes del turismo en España se remontan a la creación en 1905 de la Comisión Nacional de Turismo, encargada de dar a conocer el patrimonio nacional a los extranjeros, y, en 1928, el Patronato Nacional de Turismo, encargado de la creación de la red de paradores de turismo. Con la puesta en marcha de los Planes de Desarrollo en 1959, España, alentada por el crecimiento económico posbélico y la relativa estabilidad política y social de Europa occidental, apostó por el desarrollo del turismo mediante la mejora de los medios de transporte y comunicación; la promoción del atractivo climático, paisajístico y cultural del país, sobre todo del litoral mediterráneo y los archipiélagos, y las ayudas y facilidades concedidas a la inversión privada. No obstante, la crisis energética de 1973 repercutiría gravemente en el desarrollo del sector hasta su recuperación momentánea en la década de los ochenta. Habiendo dado signos de agotamiento a partir de 1989, debido, principalmente, a la masificación, la oferta exclusiva de sol y playa, la falta de infraestructura hotelera, la competencia con otros países mediterráneos, la inflación de los precios, la contaminación y las políticas aplicadas, el sector turístico español comenzó a diversificarse y, actualmente, supone entre el 10 y el 11% del PIB.

Así, el turismo en España goza de plena salud, aunque conlleva una serie problemas que conviene resolver. En cuanto a las áreas turísticas más densas del litoral mediterráneo y los archipiélagos, resulta necesario reestructurar los espacios tradicionales hacia un modelo de mayor calidad y menos impactos negativos (especulación urbanística, invasión de espacios litorales, pérdida de suelo cultivado, sobreconsumo energético, transformación del paisaje, etc.). En cuanto a las áreas turísticas menos densas del interior, conviene hacer frente, tanto en el medio rural como en las ciudades históricas, a los problemas de masificación y saturación, el alza de precios, los procesos de construcción espontáneos, los conflictos con otras actividades y la pérdida de señales de identidad de las sociedades locales. Para ello, el Plan del Turismo Español Horizonte 2020, aprobado en 2007, plantea una serie de medidas, como mejorar las infraestructuras de transporte, romper con la estacionalidad y la masificación de turistas, consolidar la demanda interna, fomentar el turismo rural sostenible, diversificar la oferta, buscar otros mercados potenciales, restaurar el medio ambiente y los paisajes deteriorados y promocionar el turismo cultural y deportivo.

BIBLIOGRAFÍA

AGUILERA ARILLA, M. J. ET AL. (2009): Geografía General II. Geografía Humana, Madrid, UNED.

AGUILERA ARILLA, M. J. ET AL. (1992): Ejercicios prácticos de Geografía Humana, Madrid, UNED.

GEORGE, P. (DIR.) (1991): Diccionario Akal de Geografía, Madrid, Akal.

GIL OLCINA, A. ET GÓMEZ MENDOZA, J. (COORDS.) (2009): Geografía de España, Barcelona, Ariel.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Paisaje industrial negro


El documento objeto de comentario se corresponde con un paisaje industrial, es decir, aquél en el que todos sus elementos están organizados en función de las necesidades de la industria. Así, en lo que parece ser un entorno excavado sobre un suelo árido o semiárido, con presencia de sales abundantes, se puede observar una mina a cielo abierto, compuesta por un conjunto de naves y almacenes degradados que comunican unas con otras a través de cintas transportadoras por las que, presumiblemente, habría circulado el mineral extraído. El paisaje se corresponde con un paisaje negro. Los paisajes negros suelen localizarse en cuencas mineras explotadas desde los siglos XVIII y XIX, como, por ejemplo, los valles del Rin, el Ruhr o Yorkshire. Las industrias relacionadas con este tipo de paisajes son la siderúrgica, la textil y derivadas como la eléctrica, la mecánica, la metalúrgica o la química.

La actividad industrial está condicionada por una serie de factores. El factor tierra se refiere a los recursos naturales empleados en el proceso de producción. En el caso que nos ocupa, la mina se localiza en el mismo lugar de extracción, posiblemente cerca del ferrocarril, por lo que los costes de transporte habrían sido mínimos. El factor trabajo hace referencia al mercado laboral. En este caso, es probable que el volumen de fuerza de trabajo disponible haya pasado de una alta concentración a un valor mínimo debido a la reestructuración del sector en años recientes y a la degradación del medio. El factor capital se refiere al conjunto de bienes disponibles destinados a la producción de otros bienes. En el caso que nos ocupa, la infraestructura levantada para extraer el mineral ha sido abandonada, aunque aquélla podría ser rehabilitada o reemplazada por otra con el mismo propósito. Por último, el factor tecnología hace referencia al conjunto de conocimientos y métodos de trabajo que se incorporan al proceso de producción y que permite aumentar la productividad de los trabajadores, aunque en este caso los equipamientos propios de la industria básica hayan dejado de ser funcionales.

Este paisaje industrial se corresponde a un paisaje negro localizado en una cuenca minera. Las minas han sido el motor de una gran parte de las economías nacionales desde la Primera Revolución Industrial, ya que abastecen de minerales metálicos (bauxita, cinc, cobre, cromo, estaño, hierro, níquel, piritas, plomo) y no metálicos (caolín, cuarzo, feldespato, magnesio, sales) a las industrias siderúrgica, química y de la construcción, respectivamente. Las características de estos paisajes, como, por ejemplo, una atmósfera contaminada, el impacto sobre el medio o las malas condiciones de fábricas, viviendas y equipamientos, han contribuido, sin embargo, al abandono y reestructuración de este tipo de espacios, los cuales se han convertido en nichos de atracción para la industria punta o de alta tecnología, menos contaminante, y el turismo. 

En España, los yacimientos minerales más importantes, históricamente explotados (en parte) por empresas extranjeras, se localizan en el Macizo Galaico, la Cordillera Cantábrica occidental, Sierra Morena, el Sistema Ibérico y las Cordilleras Béticas, aunque su explotación es insuficiente para satisfacer la demanda, por lo que el Estado debe importar la materia prima de otros países. No obstante, el aumento de la demanda y el precio de ciertos minerales a nivel mundial ha dado lugar a que algunas empresas valoren la reapertura de yacimientos abandonados, tal y como sucede en las minas de Riotinto desde 2017. En Galicia, los principales productos mineros son el granito y la pizarra, ambos destinados a la construcción y con un peso considerable en la economía local y regional por la riqueza y los puestos de trabajo que genera.

En cualquier caso, desde la crisis energética de 1973, este tipo de industria básica ha sufrido una serie de modificaciones en favor de un nuevo modelo productivo que busca aumentar la rentabilidad y la competitividad de las industrias maduras, así como reducir los impactos negativos sobre el medio ambiente. En ese sentido, las minas destruyen la corteza terrestre, contaminan el agua, modifican sustancialmente los biomas en los que se asientan y tienen efectos negativos sobre la salud humana, por lo que las actuaciones políticas y empresariales, a nivel jurídico, administrativo, técnico y fiscal, buscan reducir dichos impactos de acuerdo al principio de desarrollo sostenible, así como rehabilitar instalaciones abandonadas o reutilizar el suelo industrial. 

Actualmente, el aumento de la demanda y del precio de ciertos minerales ha dado lugar a importantes tensiones en el comercio mundial de este tipo de materias primas, las cuales resultan clave para el desarrollo de países emergentes como Brasil, Rusia, India o China. En el caso de España, los principales problemas a los que se enfrenta la minería son el déficit de los recursos naturales, los desequilibrios territoriales y sectoriales, la deslocalización de las grandes empresas, la escasa innovación tecnológica, la escasa competitividad de sus productos y la falta de inversión. La solución pasa por fomentar la investigación y el desarrollo tecnológico; buscar usos alternativos como el turismo cultural; restaurar el paisaje degradado; apoyar con incentivos a las zonas más atrasadas y a los productores locales, generalmente reunidos en pymes, y limitar la actividad en parques nacionales y naturales en beneficio del medio ambiente.

(La imagen se corresponde con una mina abandonada de Riotinto, Huelva)

BIBLIOGRAFÍA

AGUILERA ARILLA, M. J. ET AL. (2009): Geografía General II. Geografía Humana, Madrid, UNED.

AGUILERA ARILLA, M. J. ET AL. (1992): Ejercicios prácticos de Geografía Humana, MADRID, UNED.

AZCÁRATE, L. B ET AL. (2017): Geografía de los paisajes culturales, Madrid, UNED.

GEORGE, P. (DIR.) (1991): Diccionario Akal de Geografía, Madrid, Akal.

GIL OLCINA, A. ET GÓMEZ MENDOZA, J. (COORDS.) (2009): Geografía de España, Barcelona, Ariel.

viernes, 4 de enero de 2019

Transformación de un paisaje industrial: el ejemplo de la refinería de Tarragona



Los documentos objeto de comentario se corresponden con dos fotografías aéreas (Figs. 2 y 3) en las que se puede observar la refinería de Tarragona en 1966 y en la actualidad. En el caso de la Fig. 3, los elementos humanos (empresa industrial, vías) destacan por encima de los naturales (matorral mediterráneo) observados en la Fig. 2, ya que se trata de un paisaje localizado en la costa mediterránea en plena transformación urbana e industrial que acabará con los cultivos y el hábitat tradicional.

En el caso de este espacio, los factores que determinan la localización de la industria son mayoritariamente humanos y políticos. En primer lugar, el hecho de que las instalaciones se sitúen en la costa se explica por la necesidad de que éstas sean accesibles a los petroleros que las abastecen por mar, llegados desde áreas productivas del exterior, principalmente México, Nigeria y Oriente Medio. En segundo lugar, este tipo de industria puede acceder a abundante mano de obra como resultado de la concentración de población en el litoral desde el siglo XVIII. En tercer lugar, la acción del Estado y de otras administraciones ha contribuido, desde la época del Desarrollismo, a llevar la industrialización a diversas áreas del territorio peninsular. En cuarto lugar, su localización privilegiada en la denominada “Y” española (Valle del Ebro, Litoral Mediterráneo), donde se concentra la mayor cantidad de actividades industriales, contribuye a dinamizar el sector. Por último, la presencia de capital en una región económicamente desarrollada como Cataluña facilita la creación de este tipo de instalaciones.

En cuanto a la transformación de este espacio, el complejo de la refinería de Tarragona ha evolucionado significativamente en los últimos cincuenta años como resultado del desarrollo de una economía de escala, que integra empresas complementarias e implica la ampliación de las instalaciones. Así, el cambio de los usos del suelo ha provocado la desaparición de la mayor parte del espacio agrario preexistente; la ampliación de las instalaciones ha derivado en el aumento del consumo energético y la contaminación atmosférica, lumínica y marítima, con el consiguiente perjuicio para los residentes y los ecosistemas. Asimismo, la dependencia de las importaciones de materias primas y fuentes de energía reflejada en ambas imágenes se suma a otros problemas estructurales de la industria en España como la relativa pequeña dimensión de las empresas que provoca el encarecimiento de los productos y la reducción de su capacidad de competencia; la exigua inversión en I+D (menos del 1% del PIB) y, sobre todo, los fuertes desequilibrios territoriales que generan una diferenciación entre áreas industriales desarrolladas (Barcelona, Madrid), áreas industriales en expansión (Bajo Llobregat, orilla izquierda de la ría del Nervión, Sur de Madrid, Valle del Ebro, Litoral Mediterráneo), áreas industriales en declive (Asturias, Cantabria, Galicia, País Vasco), y áreas de industrialización inducida (Andalucía, Aragón, Castilla y León), aislada (Zaragoza, Valladolid, Burgos, Sevilla, Cádiz, Huelva) y escasa (Baleares, Canarias, Castilla-La Mancha, Extremadura).

BIBLIOGRAFÍA

AGUILERA ARILLA, M. J. ET AL. (2010): Geografía General II: Geografía Humana, Madrid, UNED.
AGUILERA ARILLA, M. J. ET AL. (1992): Ejercicio prácticos de Geografía Humana, Madrid, UNED
GEORGE, P. (DIR.) (1991): Diccionario Akal de Geografía, Madrid, Akal
GIL OLCINA, A. ET GÓMEZ MENDOZA, J. (2001): Geografía de España, Barcelona, Ariel.

viernes, 13 de enero de 2017

La ciudad ideal renacentista


El documento objeto de comentario se corresponde con siete variaciones de ciudades fortificadas poligonales pertenecientes a la obra de Pietro di Giacomo Cataneo (1510-1574), Los Cuatro Primeros Libros de Arquitectura (1554).

La Real Academia Española define el término de ciudad como un “conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas”. Pero se trata de una definición un tanto ambigua; más aún si atendemos a la variedad de criterios utilizada, de entre los cuales la variable cuantitativa es la que más oscilaciones presenta. En cuanto a la variable cualitativa cabe destacar el criterio morfológico, basado en aspectos formales (edificios, hitos, etc.); el criterio funcional, basado en actividades económicas (industria, servicios, etc.); el criterio espacial, basado en el tamaño, la influencia urbana, etc.; y el criterio sociológico, basado en la cultura, las estructuras familiares, las relaciones sociales, etc. La ciudad, por tanto, es un fenómeno difícil de abordar por la heterogeneidad de dimensiones físicas y subjetivas que comprende.

Según la clasificación histórica de Mumford y Sjöberg, que pone en relación las características, la morfología, los tipos de plano y el contexto histórico de cada tipo de ciudad, las variaciones de ciudades fortificadas objeto de comentario se corresponden con el modelo de ciudad preindustrial (VI milenio a.C.- siglo XIX) y, más concretamente, con el de ciudad moderna, es decir, un recinto amurallado a efectos fiscales, defensivos y sanitarios que acoge una pequeña comunidad de habitantes dedicada al comercio, la artesanía y las actividades agrarias. Desde los siglos XV y XVI, inspirados por el redescubrimiento de Vitrubio y la recuperación del mundo clásico, arquitectos renacentistas como Filarete, Alberti, Avelino, da Vinci o Scamozzi, buscan la realización de un plano urbano dinámico y racional, visto en perspectiva, a partir de criterios estéticos y científicos rayanos en la geometría y la proporcionalidad, tal y como podemos comprobar en el plano ideal de Sforzinda, diseñado por Filarete, y las realizaciones de Palmanova (Italia), Trujillo (Perú) o Portobelo (Panamá). 

En el caso que nos ocupa, cada variación urbana responde a un plano hipodámico dentro de un recinto amurallado (cuadrado, pentagonal, hexagonal, heptagonal y eneagonal), dotado de torreones de forma apuntada, en el que el trazado recto de las vías principales y secundarias confluye en un centro físico. A pesar de la idealidad del plano, la proyección arquitectónica acusa una tendencia hacia la eliminación del plano orgánico e irregular propio de la época medieval conservando, por otra parte, la centralidad de los lugares más importantes (iglesia, mercado, ayuntamiento, etc.). 

A pesar de la escasa materialización de los proyectos urbanos ideales, la transformación urbana de Roma bajo las órdenes de los papas (apertura del Tridente, Piazza del Campidoglio, etc.) y el urbanismo colonial americano conseguirán llevar a cabo muchas de estas ideas, cuyo desarrollo alcanzará su plenitud con las ciudades del Barroco, a partir del siglo XVII. 

BIBLIOGRAFÍA

CHUECA GOITIA, F. (1998): Breve historia del urbanismo, Madrid, Alianza.

HERNANDO RICA, A. (1983): Hacia un mundo de ciudades: el proceso de urbanización, Madrid, Cincel.

MUMFORD, L. (2014): La ciudad en la historia. Sus orígenes, transformaciones y perspectivas, Logroño, Pepitas de calabaza.

ROSSI, A. (1986): La arquitectura de la ciudad, Barcelona, Gustavo Gili.

VINUESA ANGULO, J. ET VIDAL DOMÍNGUEZ, M. J. (2014): Los procesos de urbanización, Madrid, Síntesis.

jueves, 12 de enero de 2017

Teorías y modelos de la estructura urbana


El documento objeto de comentario comprende un cuadro dividido en cuatro partes iguales en el que se muestran tres diagramas correspondientes a tres modelos urbanos distintos y una leyenda que explica la función que ejerce cada zona numerada en el tejido urbano. El documento nos invita, por tanto, a hacer una comparación entre las diferentes teorías y modelos de la estructura urbana.

El cuadrante superior izquierdo nos muestra el modelo de círculos concéntricos elaborado por el sociólogo Ernest Burgess (1926), aplicado a la ciudad de Chicago. Según tal modelo, inspirado en otro elaborado por Von Thunen un siglo antes, la ciudad crece de forma concéntrica a partir del Central Business District (CBD) de acuerdo con la teoría de la función de la renta, la cual establece que el precio y la demanda de bienes inmuebles cambia a medida que la distancia respecto al CBD aumenta. En el segundo círculo aparece una zona de transición que alberga, según la leyenda, industrias y viviendas degradadas y, en general, un tipo de población de bajo nivel económico y cultural. En la tercera zona viven trabajadores de la industria y pequeños comerciantes. En la cuarta zona viven trabajadores no manuales de clase media y en la quinta zona, con el número 10 (commuter zone), aparecen viviendas unifamiliares de clase alta, núcleos rurales absorbidos y barrios de trabajadores. A pesar de ser uno de los primeros modelos teóricos de las estructuras urbanas, el modelo de Burgess no es aplicable a ciudades fuera de Estados Unidos, las cuales responden a contextos históricos distintos, y, además, se aleja de la realidad al asumir un espacio isomorfo en el que las actividades comerciales e industriales son centrales y al omitir cualquier consideración sobre políticas urbanas locales.

El cuadrante superior derecho nos muestra el modelo sectorial elaborado por el economista Homer Hoyt (1939), el cual no deja de ser una modificación del modelo de Burgess. En este modelo el elemento organizador del conjunto ciudadano son las clases altas, que buscan las zonas mejor comunicadas y dotadas de una alta calidad medioambiental (lagos, ríos, parques, ausencia de contaminación, etc.). Se produce así una disposición de la estructura urbana en ejes longitudinales que van desde el centro urbano hasta la periferia. Las empresas se establecen asimismo en zonas bien comunicadas, mientras que la población de pocos recursos económicos se distribuye por toda la ciudad. Las clases medias se establecen en zonas cercanas a las residencias de las clases altas.

El cuadrante inferior izquierdo nos muestra el modelo de centros múltiples de Harris y Ullman (1945), dirigido especialmente a las ciudades de Estados Unidos. La estructura de la ciudad suele producirse a partir de la integración de varios núcleos especializados en diferentes funciones y actividades económicas que anteriormente estaban separados. Debemos tener en cuenta que la motorización de la sociedad estadounidense supuso por entonces un factor muy importante en la reducción del tiempo invertido en los desplazamientos, por lo que aumentaron las posibilidades de elegir las zonas preferidas para la industria, la vivienda y el comercio. Las actividades similares, por otra parte, se agrupan para costear y disfrutar conjuntamente de las infraestructuras. Así, este modelo amplía la numeración de sus predecesores y contempla una zona de industria pesada (6), otro centro de negocios periférico (7), una zona residencial media-alta (8), una zona industrial (9) y un barrio formado por familias trabajadoras (10).

BIBLIOGRAFÍA

CHUECA GOITIA, F. (1998): Breve historia del urbanismo, Madrid, Alianza.

HERNANDO RICA, A. (1983): Hacia un mundo de ciudades: el proceso de urbanización, Madrid, Cincel.

VINUESA ANGULO, J. ET VIDAL DOMÍNGUEZ, M. J. (2014): Los procesos de urbanización, Madrid, Síntesis.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Paisaje industrial moderno


(Habida cuenta de que este blog ha superado las 14 mil visitas gracias, sobre todo, a tres populares entradas, me gustaría saber qué tipo de contenido relacionado con arte, geografía e historia te gustaría ver más a menudo, al margen de los temas que, dentro de mis preferencias, vaya poniendo por aquí. Puedes dejarme tus preferencias en los comentarios. ¡Gracias de antemano!)

El documento objeto de comentario se corresponde con un paisaje industrial moderno o tecnópolis. Los paisajes industriales modernos hacen referencia a todos aquellos que albergan industrias basadas en altas tecnologías o nuevas energías, los cuales suelen localizarse en zonas suburbanas alejadas de la ciudad, generalmente más atractivas y próximas a importantes infraestructuras de transporte (autopistas, aeropuertos, puertos, etc.) que facilitan la comunicación.

Tal y como podemos comprobar en la imagen, este tipo de paisaje, localizado en el interior rural, se enclava en medio de una amplia llanura aluvial en lo que parece ser un valle fluvial ancho, poco profundo y muy degradado por la acción antrópica, rodeado de pequeñas elevaciones (algunas dedicadas a usos agrícolas como la zona de bancales hacia la parte superior izquierda de la imagen) y, en general, salpicado por una vegetación dominada por el bosque mediterráneo (encina o pino carrasco, quejigos, alcornoques, maquias). La central nuclear domina todo el conjunto y su localización próxima al río viene determinada por la necesidad de refrigeración, ya que su reactor es el responsable, por una parte, de la generación de energía primaria en forma de calor y energía mecánica y, por otra, de energía secundaria en forma de electricidad a partir de elementos químicos como el uranio, el deuterio-tritio, el torio, el plutonio, el estroncio o el polonio. Tal actividad requiere de un gran complejo espacial, asegurado por las circunstancias del terreno; numerosa mano de obra directa (ingenieros, mecánicos, electricistas, técnicos en instrumentación, albañiles, carpinteros, operadores de equipo pesado, fontaneros, instaladores de vapor, etc.) e indirecta (servicio de limpieza, seguridad, administración, transporte, etc.), así como la dotación de infraestructuras adecuadas, capaces de garantizar el buen funcionamiento de la central y, sobre todo, la seguridad del entorno. Así, tal y como podemos comprobar en la imagen, el espacio central está ocupado por los edificios responsables del funcionamiento del complejo nuclear, mientras que las zonas adyacentes albergan una planta eléctrica (identificable por las torres de alta tensión), piscinas de combustible nuclear gastado y sendas torres de refrigeración a través de las cuales escapa el vapor de agua. Tales factores determinan, en último término, que la localización de los hitos configuradores del paisaje sea dispersa y aislada de los núcleos de población, aunque no por ello carece de vías de comunicación cercanas (carreteras). 

Por otra parte, el tipo de industria al que pertenece este paisaje se encuadra dentro del sector energético y, más concretamente, en el de la energía nuclear; un tipo de energía no renovable obtenida mediante una serie de reacciones (fusión, fisión) a partir de elementos químicos en forma de energía térmica, mecánica o eléctrica destinadas a uso civil (ámbito doméstico, científico, etc.) y/o militar. Aunque íntimamente relacionada con episodios bélicos de la II Guerra Mundial (1939-1945) como el lanzamiento de sendas bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki (Japón) o la carrera armamentística de la Guerra Fría, el reciente uso civil de energía nuclear parte de la necesidad creada por la crisis energética de los años 70 de disminuir la dependencia respecto al petróleo. Su expansión, sin embargo, ha sufrido cierto retroceso debido a las continuas amenazas que comportan tanto el almacenamiento de residuos nucleares (enterrados bajo la superficie por medio de depósitos de acero recubiertos de hormigón) como los altos costes humanos, medioambientales y económicos derivados de graves accidentes como el de Harrisburg (1976) o Chernobyl (1986). 

Actualmente, los principales países productores de energía nuclear son Canadá, Estados Unidos, Francia, Rusia, Corea del Sur, China y Japón. En el caso de España, las zonas de mayor producción se encuentran en Ascó y Vandellós (Tarragona, Cataluña), Almaraz (Cáceres, Extremadura), Trillo (Guadalajara, Castilla-La Mancha) y Cofrentes (Valencia, Comunidad Valenciana), a la que pertenece el paisaje industrial de este comentario.

BIBLIOGRAFÍA

BIELZA DE ORY, V. (ED.) (1993): Geografía General, Madrid, Taurus.

GEORGE, P. (1982): Geografía económica, Barcelona, Ariel.

MÉNDEZ, R. ET MOLINERO, F. (1998): Espacios y sociedades, Barcelona, Ariel.

TAMAMES, R. (1998): Introducción a la economía española, Madrid, Alianza.

TAMAMES, R. (2003): Estructura económica internacional, Madrid, Alianza.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Paisajes agrarios: el bocage


El documento objeto de comentario se corresponde con un paisaje agrario, es decir, el resultado de la interacción de las actividades agrícolas y ganaderas con el espacio natural. De la imagen se desprende asimismo que se trata, más concretamente, de un bocage, es decir, un paisaje compuesto de pequeñas parcelas o campos cerrados asociados al minifundio separados por muros o setos y localizado en regiones atlánticas de Europa como España (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco), Francia (Normandía, Bretaña, Vandea y Boulonnais), Inglaterra o Irlanda.

En cuanto a los factores físicos, el bocage es un paisaje típico europeo propio del subdominio oceánico, caracterizado por temperaturas suaves, lluvias intensas (1500 mm), altos valores de humedad y escasa amplitud térmica (menos de 10ºC). La vegetación, tal y como podemos apreciar en la imagen, se corresponde con la de bosque caducifolio. Los suelos son silíceos, ácidos, lavados y de poco espesor. Asimismo, la imagen deja entrever que estamos ante un relieve en penillanura, es decir, una amplia llanura con ligeros desniveles fruto de la erosión y la coalescencia de cuencas hidrográficas.

En cuanto a los factores humanos, las características generales de la estructura agraria que se deprenden de la imagen rayan en parcelas de pequeña (1-50 ha) y mediana (50-100 ha) extensión (propiedad individual) separadas por setos y muros dedicadas a la generación de pasto para el ganado estabulado (principalmente bovino) y a una agricultura extensiva anual de regadío (principalmente cereales) destinada al comercio. Las técnicas de producción son tradicionales y escasamente modernizadas, fruto del cercamiento como obstáculo físico ante la introducción de maquinaria. El hábitat rural que se aprecia nos habla de un poblamiento mixto, con viviendas dispersas y concentradas dispuestas en línea, y un núcleo de población muy reducido.

En conclusión, el bocage presenta una gran diversidad ecológica y, gracias a su cubierta vegetal y a los setos y muros que lo cercan, una mayor resistencia a la erosión del suelo y a la inundación del mismo. Sin embargo, la supervivencia del bocage pasa por superar la tendencia actual hacia la concentración parcelaria, que elimina el vallado en aras de la mecanización de las actividades agrarias; la extensión de las explotaciones para conseguir mayores rendimientos comerciales y el éxodo rural.

BIBLIOGRAFÍA

Bielza de Ory, V. (ed.) (1993): Geografía General, vol. II, Madrid, Taurus.

Márquez Fernández, D. (1999): Los sistemas agrarios, Madrid, Síntesis.

Méndez, R. et Molinero, F. (1998): Espacios y sociedades, Barcelona, Ariel.

Sáenz Lorite, M. (1999): Geografía Agraria. Introducción a los paisajes rurales, Madrid, Síntesis.

Terán, M. de et al (1987): Geografía regional de España, Barcelona, Ariel.


WEBGRAFÍA

viernes, 7 de octubre de 2016

Pirámide de población de España (2020)


El documento objeto de comentario se corresponde con la pirámide de población de España en enero de 2020. Una pirámide de población es una representación gráfica de la estructura por sexo y edad de una población en un momento determinado. Tal y como se puede observar, en el eje de abscisas se indican los valores de población, expresados en porcentajes, y en el eje de coordenadas, los grupos de edad o cohortes, agrupados en intervalos de cinco años. En la mitad izquierda del gráfico se representan, mediante barras, los valores correspondientes a la población masculina, mientras que en la mitad derecha se representan del mismo modo los valores de la población femenina. La fuente procede del Instituto Nacional de Estadística (INE).

En cuanto a la estructura por sexo, el índice de masculinidad (IM) en España supera el 96%. Tal y como podemos comprobar, la población masculina es mayor que la femenina durante las dos primeras décadas de vida, aunque, posteriormente, la proporción entre ambos sexos se va equilibrando para dar paso, a partir de los 55 años, al predominio de las mujeres, quienes poseen una esperanza de vida mayor que los hombres (5 años y medio).

En cuanto a la estructura por edad, podemos distinguir tres grupos: jóvenes (hasta 15 años), adultos (entre 16 y 64 años) y mayores (más de 64 años).  La proporción de mayores es significativa debido al progresivo aumento de la esperanza de vida. La despreciable proporción de mayores de 100 años se corresponde con la generación que vivió la Guerra Civil (1936-1939), lo que se traduce en la aparición de generaciones huecas en forma de entrantes entre los 80 y los 84 años, aunque ya no se puede apreciar en la pirámide. La generación entre 65 y 79 años aumenta su proporción progresivamente conforme se aleja el espectro del conflicto, mientras que los adultos de 45 a 64 años aumentan considerablemente debido al baby boom vinculado a la recuperación económica del régimen franquista y al éxodo rural entre la década de los sesenta y los setenta, si bien descompensado por la emigración hacia el centro y el norte de Europa. La generación comprendida entre los 20 y los 44 años se va reduciendo debido al débil crecimiento demográfico causado por la crisis económica de 1973, el aumento del coste de la vida, la emancipación de la mujer, la generalización de métodos anticonceptivos o el progresivo envejecimiento de la población a lo largo de la década de los ochenta y los noventa. A pesar del ligero aumento de los efectivos en forma de salientes entre los 10 y los 19 años, es decir, la generación debida, entre otras razones, a la inmigración extranjera atraída por la recuperación económica del país en la primera década de siglo XXI, los entrantes correspondientes hasta los 9 años indican un crecimiento débil debido a la crisis económica de 2007. A la luz del análisis, podemos decir que la pirámide de población es regresiva, esto es, presenta un crecimiento demográfico muy débil, nulo o negativo y una población envejecida.

Según la proyección demográfica estimada por el INE para el año 2064, España perderá aproximadamente 6,6 millones de habitantes debido, principalmente, al progresivo aumento de la mortalidad y al descenso de natalidad. El número de fallecidos superará al de nacidos. El saldo vegetativo será negativo y la inmigración no lo dará compensado. Las comunidades con un saldo más negativo serán el Principado de Asturias, Galicia y Castilla y León, y sólo será positivo en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, la región de Murcia, la Comunidad de Madrid y las Islas Baleares. El envejecimiento demográfico se agravará y, en menos de cincuenta años, la esperanza de vida al nacer aumentará hasta los 91 años en el caso de los hombres y hasta los 95, en el caso de las mujeres, por lo que también aumentará la tasa de dependencia en más de siete puntos para 2029, situándose cerca del 60%. En ese sentido, habrá de incrementarse el gasto público en pensiones y prestaciones de protección social, a costa de retrasar la edad de jubilación, con el fin de compensar la progresiva disminución de población que trabaja y cotiza a la Seguridad Social. La modificación del mercado laboral, cada vez más orientado hacia la creación de puestos de trabajo destinados a atender a nuestros mayores, y la modificación de las pautas de consumo, ahorro e inversión (ya que los mayores gastan más en vivienda, energía y servicios de salud y son más ahorradores) serán otras de las consecuencias del progresivo envejecimiento de la población española. Para ciertos expertos, como Alejandro Macarrón, algunas de las soluciones pasan por adoptar una política abierta a la recepción de inmigrantes y aplicar medidas pronatalistas, como la concesión de ayudas económicas por nacimiento, adopción o familia numerosa; bonificaciones en la cotización a la Seguridad Social y desgravaciones en la declaración de la renta; descuentos o gratuidad en tasas dentro del ámbito educativo, etc.

lunes, 29 de agosto de 2016

Schaefer vs Hartshorne

La metodología de una disciplina no es un cajón de sastre de técnicas especiales. En geografía, técnicas tales como la elaboración de mapas, los "métodos" de enseñanza, o las exposiciones históricas sobre el desarrollo de la ciencia se toman con frecuencia, erróneamente, como metodología. El propósito de este trabajo es el de contribuir a disipar esta confusión. La metodología propiamente trata de la posición y objeto de una disciplina dentro del sistema total de las ciencias, y del carácter y naturaleza de sus conceptos. (...)

Los geógrafos que han escrito sobre el objeto y naturaleza de la geografía comienzan con frecuencia de forma apologética, como si tuvieran que justificar su misma existencia. Y extrañamente o quizás no tan extrañamente, psicológicamente hablando llegan a reivindicar demasiadas cosas. En tales escritos la geografía, junto con la historia, aparece como la "ciencia integradora", completamente distinta a las otras disciplinas y cuya única importancia encuentra su expresión en los métodos especiales que debe usar para alcanzar sus profundos resultados. Por desgracia, los resultados reales de la investigación geográfica, aunque no deben ser minimizados, están un poco faltos de estas profundas y grandiosas visiones que uno esperaría de tan exuberantes caracterizaciones de la disciplina. En realidad el desarrollo de la geografía ha sido más lento que el de algunas de las otras ciencias sociales, como por ejemplo la economía. Parte de este retraso quizás se deba a las irreales ambiciones que ha hecho nacer la confusa idea de una única ciencia integradora con una única metodología propia. Por otra parte, no hay necesidad de defensas que con mucha frecuencia preceden lamentaciones exageradas. Después de todo, la existencia de una disciplina es principalmente un resultado de la división del trabajo y no necesita nin­guna justificación "metodológica" En este obvio sentido la geografía es sin ninguna duda un importante campo.

Con el desarrollo de las ciencias naturales en los siglos XVIII y XIX quedó claro que la mera descripción era insuficiente. La descripción, incluso si es seguida por una clasificación, no explica la forma en que se distribuyen los fenómenos en el mundo. Explicar los fenómenos que se han descrito significa siempre reconocerlos como ejemplos de leyes. Otra forma de decir lo mismo es insistir en que la ciencia no está tan interesada en los hechos individuales como en los patrones que presentan. En geografía las variables fundamentales desde el punto de vista de la elaboración de patrones son naturalmente las espaciales, están regidas por leyes. Para esta nueva clase de trabajo deben facilitarse instrumentos en forma de conceptos y leyes. De aquí que la geografía tenga que ser concebida como la ciencia que se refiere a la formulación de leyes que rigen la distribución espacial de ciertas características en la superficie de la tierra. Esta última limitación es esencial: con el notable desarrollo de la geofísica, la astronomía y la geología, la geografía ya no puede seguir tratando de todo nuestro planeta, sino sólo de la superficie del mismo y "de los fenómenos terrestres que ocupan su espacio".

Humboldt y Ritter reconocieron como el objeto fundamental de la geografía el estudio de la forma en que los fenómenos naturales, incluyendo el hombre, se distribuyen en el espacio. Esto implica que los geógrafos deben describir y explicar la forma en que las cosas se combinan "para ocupar un área". Naturalmente estas combinaciones se modifican de un área a otra. Áreas distintas contienen distintos factores o los mismos factores en diferentes combinaciones. Tales diferencias, bien en la combinación de factores o bien en su disposición de un lugar a otro, constituyen el fundamento de la noción, de sentido común, de que las áreas son diferentes. Siguiendo a los geógrafos griegos este punto de vista es denominado corográfico o corológico, según el nivel de abstracción. La geografía, pues, debe prestar atención a la disposición espacial de los fenómenos en un área y no a los fenómenos mismos. Lo que importa en geografía son las relaciones espaciales y no otras. Las relaciones no espaciales existentes entre los fenómenos en un área constituyen el objeto de otros especialistas tales como los geólogos, antropólogos y economistas. De todas las limitaciones que afectan a la geografía ésta parece ser la más difícil de observar para los geógrafos. Incluso, a juzgar por algunas investigaciones recientes, los geógrafos no siempre distinguen claramente entre, por ejemplo las relaciones sociales, por un lado, y las relacione espaciales entre factores sociales por otro. Realmente, puede decirse sin exagerar que la mayor parte de lo que se encuentra en un área determinada es de primario interés para otros científico: sociales. Por ejemplo, las conexiones entre ideología y comportamiento político o las existente: entre los caracteres psicológicos de una población sus instituciones económicas no conciernen a geógrafo. Si intenta explicar tales cuestiones el geógrafo se convierte en un aprendiz de todo y oficia de nada. Lo mismo que los otros especialistas e geógrafo haría mejor en cultivar su especialidad, e decir, el estudio de las leyes referentes a la organización espacial. Pero ello no significa que alguna de estas leyes "geográficas" no sean de interés otras disciplinas.

Fred K. Schaefer, Excepcionalismo en Geografía. Análisis metodológico, 1953

El documento objeto de comentario se corresponde con un fragmento del artículo escrito por el geógrafo Fred K. Schaefer (1904-1953) recogido en la revista Anales de la Asociación de Geógrafos Americanos en 1953 bajo el título “Excepcionalismo en Geografía. Análisis metodológico”. En el citado artículo, Schaefer refuta las bases epistemológicas de la Geografía regional a través de la crítica, principalmente, del trabajo de Richard Hartshorne (1899-1992) y reivindica una aproximación científica a la Geografía basada en la búsqueda de leyes generales.

El documento se inscribe en la década de 1950, momento en que la geografía atravesaba una profunda crisis en el Reino Unido y en Estados Unidos que desembocaría en la creación de la denominada geografía teorético-cuantitativa o simplemente “nueva geografía”. La base común de esta renovación metodológica se asienta en el retorno a un neopositivismo filosófico que reivindica un único método científico válido para todas las ciencias con independencia de su objeto de estudio, rechaza los procedimientos cualitativos frente a los cuantitativos y pone gran énfasis en la construcción de modelos y la búsqueda de leyes.

Para el momento en que Schaefer publicaba su artículo, Hartshorne era ya toda una autoridad de la Geografía en Estados Unidos. A través de su obra, La naturaleza de la Geografía, el geógrafo americano asumía la tradición disciplinar y radicaba la naturaleza de la misma en una cuestión filosófica, más que científica. En cuanto ciencia corológica, planteaba la cuestión sobre si hacer una ciencia puramente descriptiva o una ciencia que comprendiera los procesos en el espacio y en el tiempo. Esto, en cierto modo, significaba reavivar el debate surgido entre positivismo e historicismo sobre la dicotomía metodológica entre su vertiente física y humana para, finalmente, adoptar una posición propia de la geografía regional, a saber, comprender el mundo a través de la descripción e interrelación de fenómenos en la superficie de la tierra y su diferenciación por área. A pesar de que el objetivo de Hartshorne radicaba en la definición de la naturaleza de la Geografía, su estudio destaca por la revisión histórica de los orígenes de la disciplina y deja entrever, en cualquier caso, la influencia alemana de Hettner.

La crítica de Schaefer tiene su inicio, por tanto, allí donde el objetivo de la síntesis regional de Hartshorne aparece como una teleología de la Geografía. Su oposición a los regionalistas parte de la formulación de una nueva metodología, fundamentada en la predicción, consistente en una aproximación científica a la Geografía mediante la búsqueda de leyes espaciales.

La primera parte del artículo supone una crítica indirecta a Hettner por medio de Hartshorne en la que califica como pre-científicos los trabajos realizados por los geógrafos regionalistas. Para Schaefer la formulación de leyes debe partir de modelos preconcebidos y, en cuanto al espacio, debe ser pensado como una construcción lógica por medio de abstracciones y en función de metas racionales de verificación de hipótesis. La metodología, por tanto, no puede ser específica de un campo concreto de la ciencia en la cual se darían ciencias integradoras y ciencias sintéticas. En el segundo párrafo, el geógrafo arremete del mismo modo contra el método descriptivo y, seguidamente, acerca su propuesta metodológica, la cual insiste en la necesidad de adoptar leyes generales como carácter esencial de la ciencia y, asimismo, la de buscar universalidades en vez de singularidades, tal y como lo expresa con la frase “en Geografía, las variables fundamentales desde el punto de vista de la elaboración de patrones son, naturalmente, las espaciales”.

Dicha necesidad de concebir leyes espaciales empuja a Schaefer en el siguiente párrafo a reivindicar a Humboldt, del que advierte una predisposición a establecer que las relaciones espaciales se hacen gobernar por leyes. La constante delimitación de los saberes y de las especializaciones hizo que la Geografía no se interesara en adelante por lo global, fruto del ascenso de la geofísica, la astronomía y la geología. La tarea más difícil de asumir para los geógrafos, dice Schaefer, es precisamente la de adaptarse a esta limitación, es decir, la de dedicar su atención a los fenómenos en el espacio y no, en cambio, a los fenómenos en sí mismos.

Podríamos decir, en conclusión, que este artículo científico es la manera que encontró Schaefer para refutar el excepcionalismo neokantiano en Geografía como una forma de singularidad metodológica. Es cierto que tanto el Círculo de Viena como el geógrafo Walter Christaller ya habían propuesto una Geografía basada en un método empiriológico por el cual la búsqueda de leyes generales sería el objeto principal de cualquier estudio científico. Sin embargo, sus obras no tuvieron una repercusión profunda en los procedimientos, ligados por entonces a la economía. Tuvo que ser Schaefer quien formulara explícitamente que el objetivo de la Geografía estaba en la búsqueda de leyes espaciales y, por tanto, su aportación tuvo su mayor impacto en el desarrollo de la Geografía teorético-cuantitativa.

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